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Visita al corazón de las cañas
A pesar de la impecable gestión de convocatoria de Manuel Senante pocos fuimos los afortunados que pudimos asistir a la visita de este mes. Alimentaria u otros asuntos, serán los culpables: ellos se lo han perdido!
Nos encontramos a las 11 en la Ribera del Loira (calle) y pronto zarpamos rumbo a Alobera en un destartalado microbús en manos de un (algo) despistado conductor. La expedición la formaban Sese San Martín, Mariola Olivera, Fernando Garzo, Javier Méndez, Carlos Pérez Foncillas, Manuel Senante, Miguel Garrido y este cronista.
Al llegar al espectacular complejo de Mahou nos recibe la bella Rocío Suárez, responsable de comunicación. Tras una breve explicación frente a un panel con todo el complejo de fabrica, y después de ofrecernos usar los baños (hasta dentro de una hora no tendremos otra oportunidad), nos pasa a una sala donde nos pasan una “peli” con la historia de la casa. Se trata de un estupendo documento, donde nos enteramos como la familia Mahou, procedente de Francia, monta su primera fabrica en la madrileña calle de Amaniel, donde permanece hasta 1.963 cuando inaugura las flamantes instalaciones del Paseo Imperial, donde trabajan hasta que se trasladan a estas instalaciones, desde donde desarrollan el espectacular crecimiento de grupo que hoy es.
Visitamos después todas las instalaciones, y vamos conociendo el proceso de elaboración de la cerveza: desde la llegada de la materia prima –cebada- su maceración con agua y formación de lo que ellos llaman mosto (mosto: del latín mústum, jugo de la uva antes de fermentar. Maria Moliner), adición de lúpulo, fermentación, maduración, filtrado y embasado. La planta de embasado es espectacular. Desde un balcón se ven moverse a toda velocidad latas, botellines y barriles, sin que ningún operario intervenga. Aprendemos que la cerveza que va a cada envase es la misma, aunque hay una pequeña diferencia en la adición de CO2.
Al acabar –dos horas mas tarde que han pasado volando- nos llevan a un bar, perfectamente ambientado, para, por fin!, tomar unas cañitas. Se ha unido al grupo Salvador Garcia Noblejas, responsable del departamento comercial, que nos amplia las ya completas explicaciones de Rocío.
Como no podía ser de otra forma y dado nuestro curioso espíritu académico, pedimos degustar TODAS las cervezas que se producen en este centro. Y no son pocas.
Comenzamos por la Mahou clásica (rica y refrescante), seguimos por la Mahou Cinco Estrellas (más sabrosa, pero muy rica), nos desviamos un momento por la Laiker (que se nos queda ligera y descompensada), para pasar a la gama Alhambra: Especial (con intenso recuerdo de regaliz), Reserva 1925 (potente, gustosa) y Mezquita (oscura y de goloso final). Nos vamos a San Miguel y su Selecta XV Triple Malta (algo amarga de más y un punto desequilibrada), y terminamos con las negras: Mahou (intenso aroma de café, con azúcar dice Sese, cremosa y untuosa) y la Alhambra (menos negra y mas punzante).
Tras la cata, y por si no ha sido bastante, algunos nos pedimos una caña bien tirada, para pasar el fantástico aperitivo (casi comida) con tortilla de patata, jamón, lomo, queso, croquetas y tostas de brandada de bacalao.
Antes de abandonar la fabrica, nos obsequian con bellos recuerdos, y alguno incluso pasa por caja comprando un suvenir.
Por si no fuera poco, nuestro anfitriones nos llevan a comer (mas bien a seguir comiendo) al restaurante Minaya en Guadalajara, donde se une otro “chico Mahou”, Manolo Redruello, coordinador junto con Manolo Senante de esta excursión.
El restaurante esta ubicado en un precioso edificio en el centro de la ciudad, y nuestro comedor se encuentra en la planta alta, bajo un espectacular artesonado.
Pedimos más cañas (de Mahou, claro!) y Martue 07 (un seguro) que se defiende con gallardía ante unos entrantes de espárragos, alcachofas y ensalada con vinagrillo (se nota que jugamos en casa de un cervecero, no de vinatero). La comida se remata con bacalao en distintas versiones (especialidad de la casa) y sartén de cabrito frito.
Postre variados y café correcto.
De vuelta a Madrid, pequeño percance, y con más ruido de la cuenta en nuestro destartalado autobús, llegamos sanos, salvos y felices a la Ribera del Loira (calle).
Que quede esta humilde crónica para regocijo de los que fuimos y envidia de los que se lo perdieron.
Ignacio de Miguel Poch
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